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Estoy triste



Sin metáforas, símbolos, ni alegorías
Sin eufemismos, indirectas ni insinuaciones
Sin barrocos, adornos, ni ornamentos
Sin vestimentas, galas, ni funciones
Sin solemnidades, etiquetas, ni protocolos
Sin espejos, reflejos, ni lagos
Sin modelos, prototipos, ni arquetipos
Sin mitologías, fábulas, ni leyendas
Sin lágrimas, suspiros, ni lamentos
Sin quejas, ruegos, ni preguntas
Sin incógnitas, enigmas, ni paradigmas
Sin argumentos, razonamientos, ni consecuencias
Sin deducciones, resultados, ni conclusiones
Sin silogismos, sinónimos ni antónimos

Sin flechas, puertas, ni miembros
Sin literatura, poesía, ni retórica


Así, sin más



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A veces me desorientas.


Me haces sentir flecha directa a tu alma, atravesando tus huesos e instalándome en lo más profundo de tu ser para habitar siempre en ti y recrearme en tu interior. Pero otras veces me haces chocar contra el muro de tu mirada vidriosa e inexpresiva y siento que rompes mi cuerpo de flecha con una granada de mano saltando por los aires desde dentro.


Soy una gata a la que tiras al vacío de un abismo, sin importarte la altura desde la que caigo. Dejas que mis órganos revienten sin sentir pena alguna para de repente recogerme con ternura y curar mis heridas con la sal de las rocas por las que me rajé.



“ Lo que te enfermo, te sana y da salud” dijo el ciego a Lázaro



Y así seguiremos, convirtiendo nuestra existencia en un vodevil de puertas paralelas por las que nos gusta cruzar en perpendicular, para coincidir solo en un nexo, para acercarnos cuando partimos en destinos confrontados.



Tiendo mis manos hacia ti, porque se que te gusta ver mi yo más rebelde esforzándose por llegarte, extiendes las tuyas para recogerme. Tocando la punta de nuestros dedos, sintiendo que ya estamos ahí, las vuelves a apartar.


 

Y aun así… te sigo siguiendo

 

No me gusta que los blogs acaben siendo diarios, pero al final quieras o no acaban siendo parte de ti, puedes vestirlo como sentimientos encerrados en literatura o como vivencias disfrazadas de metafora, pero de una manera o de otra el resultado acaba siendo el mismo.

Hoy pense que llevo casi año y medio en uno de los sitios donde más aventuras he podido pasar y apenas deje nada reflejado en ningun lado. Al menos para que pueda recordarlo lo dejare aqui por escrito.

Y porqué hoy? Pues, porque hoy es el día que conocimos a Hänzel.
Hänzel es un alemán altisimo, gordo, con buen humor, de color rosa y camiseta amarillo piolin. Llegó a nuestra obra como uno de tantos giris que quiere tomar fotos de las vistas a la costa de Irán desde este lado del estrecho Ormucense, solo que en vez de camara de fotos lo que tenía en la mano era un GPS.

Tras nuestras negativas de darle permiso a la entrada del recinto privado de la obra, Hänzel se convirtio en un Obelix clamando que le dieramos de beber de la marmita, ante nuestra sorpresa en sus ojos apareció un veto cristalino como el que va a empezar a hacer pucheros.
Y entonces nos desvelo el secreto... Venia desde Alemania hasta Khasab, Oman, para encontrar un tesoro que estaba enterrado en nuestra obra.




El grandullon de Obelix es miembro de, como bien dice Jorge, una Macrogimcana Friki "along the world".
En la pagina de http://www.geocaching.com/ marcan unos puntos GPS por todo el mundo y allá donde vayas puedes buscarlos. No estan a la vista, sino como en nuestro caso en medio de un monton de montañas calurosas e inhóspitas enterradas, escondidas en una excavación, en un agujero dentro de la roca.

Ante una petición así es complicado decir que no, así que le dejamos entrar con una sonrisa de oreja a oreja, convirtiendose de repente en un niño al que acabas de conceder el algodon dulce de la feria por portarse bien.

Y alli fuimos todos a la busqueda del tesoro. Sin duda lo fue.
De camino nos contó que hace 15 días estuvo haciendo submarinismo en Emiratos porque entre unos corales estaba otro de los tesoros, bajo el mar... sin Titanics ni naufragios de por medio.
En menos de 15 minutos estabamos en medio del argumento de una pelicula, unos improvisados Goonies internacionales emocionados por lo que ibamos a encontrar. Hänzs lo tuvo claro en cuanto llegamos, todos seguiamos en el mismo sitio que tantas veces visitamos, pero él vió rapidamente el agujero donde estaba.... el tesoro?
En dos segundos los Goonies cambiaron a un entorno francés, pues hasta creo que resonó en mi cabeza la musica de Amelie. El tesoro era un tupper lleno de polvo y dentro... un cochecito de juguete, una chapa con la foto de un arabe, pegatinas, un minilibro de mensajes de paz, un boli... y una libreta.
En la libreta estaban escrito en cada pagina un saludo de todos los que encontraron el tesoro antes que nosotros, desde el 2004 hasta el 2010, seis personas, de Turquía, Nueva Zelanda, EEUU, Inglaterra... todos escribiendo lo que habian dejado en la caja y dando la enhorabuena por encontrarlo.
Obelix tenia un brillo en los ojos indescriptible, saco de su bolsillo una concha-remolino de cangrejo y la dejo en la caja con su mensaje.
Devolvió la caja a su sitio y se fue dandonos mil veces las gracias.

Ahora pienso que en no mucho tiempo en ese punto habra una macrourbanizacion, tal vez una casa y los siguientes Hänzels que vengan tendran una mueca de tristeza por el viaje sin éxito... solo por ver esa cajita transparente de plastico.
Y no pude dejar de pensar en todo el día en la de historias que pasan a nuestro alrededor sin que nos demos cuenta.
En la cantidad de "tesoros" que no sabemos ver.

De elegir no serlo


Tarde mucho tiempo en darme cuenta que mi cabeza se había quedado vacía. Que mis neuronas estaban de huelga, que poco a poco me había ido consumiendo. Estaba agotada.



Me desperté un día sin poder mover los miembros de mi cuerpo, sentía muertos los brazos y los pies, por momentos ni siquiera sabía si tenía organismo. Apenas podía girar el cuello para ver la ausencia de vida en la cama. Sin decidirlo me había dejado caer a los pies de la existencia para convertirla en subsistencia, transformé mi hogar en una casa, llene sus recovecos de mar al poner un pie en ella cada día. Cambié mi nevera por un frío depósito vacío. De la mañana a la noche mi entorno fue nómada. Y me daba igual.


Ni siquiera aproveche el romanticismo de un destino bohemio, la libertad de volar allá donde quisiera, simplemente me quede con un futuro errante sentada en la misma baldosa. Que cosa más triste… estaba en el andén viendo pasar los trenes sin animarme a subir a ninguno.


No me preocupaba en absoluto la situación. Se está realmente cómodo viendo pasar los mercancías a tu alrededor pensando que no son demasiados buenos para mi, compartir mi cubículo con los nacionales se me hacia ruidoso y los regionales demasiado tranquilos. Los internacionales siempre salen caros y sinceramente, paso del interrail. Ver la variedad de pasajeros en su vorágine de prisas, lloros, risas, despedidas, bienvenidas, abrazos, saludos formales de mano laboral y maletas del pueblo se me hacia suficiente para aprender de la experiencia de los otros.


Así estaba, disfurtando de lo mucho que me la sudaba el mundo cuando vino la vida vestida de revisor a darme una hostia.


Hay que ser gilipollas para vivir como un espectador, es incluso hasta prepotente, como si tuviéramos millones de vidas para desperdiciar esta. Sale más a cuenta vivir una mala comedia que aplaudirla desde el palco.

Y de la nada ahí estaba otra vez. Me volví a levantar, a sacar otro billete. Me pillo el transiberiano. Con dos cojones.